
Llorar no es algo vergonzoso y menos entre los personajes y héroes homéricos. Tanto en la Ilíada como en la Odisea las lágrimas fluyen libremente.
Alejandro Magno, Julio César, Nietzsche, Isabel II e incluso Edith Piaf cantando.
También se llora por frustración, enfado, alegría o melancolía; en las despedidas y en los reencuentros. Es todo natural y adaptativo.
Las lágrimas no son símbolo de debilidad, sino de humanidad. Llorar es la manifestación física de una emoción.
Y llorar en público es de valientes, porque expones tus sentimientos.
Todo tiene una reacción en el cuerpo. Si algo te alegra, tus labios se arquean. Si algo te apena, tus ojos segregan lágrimas. Si un post es muy plasta, pues deslizas los dedos y lo pasas.
Llorar es normal, es saludable, libera estrés, reduciendo los niveles de cortisol; ayuda a procesar y a conectar con lo que sientes.
Llorar puede ser un problema si interfiere en tus actividades de la vida cotidiana (sin cebollas mediante)
Hay personas que expresan no poder llorar; esto puede deberse a un bajo estado de ánimo, personalidad, medicación, bloqueo emocional, afección médica o a las malditas expectativas sociales.
Hay otros humanos que exponen que lloran por todo. Estrés acumulado, ansiedad, bajo estado de ánimo, duelo o alta sensibilidad emocional pueden ser potenciales causas.
Sé homérico y llora abiertamente si lo necesitas. Llorar no soluciona tu problema, pero sí te calma.
Si los clásicos, héroes o no, expresaban sus emociones a través de las lágrimas, practicaban la oratoria, organizaban banquetes y hacían vino, no estaría mal tomarles como referencia, y seguir esa estela en esto del BIEN VIVIR… sin renunciar a ciertas bondades de la vida moderna, como los donuts, los pañuelitos de papel o la cinta americana. Igual este final de publicación es pa llorar… de pena, de risa o de alivio. Whatever. Llora.
Mi nombre es Amelia y soy psicóloga en Cádiz, colegiada Nº 12518.
